o una manera de evitar
ser descubierto
en un bosquejo de identidad que encuentra excusas
para camuflarse en un espacio
donde el árbol es soberano
y las mieles, guardianas de la existencia,
testigos absortos de lo imperceptible.
O ir fluyendo a borbotones
entre los remos
que dibujan estelas en las aguas del río.
Mientras tanto, el hombre que recibe la mirada que espera,
con total resistencia y en plena rebelión del ser,
respira.