Recuperando la memoria

Sentarse al fuego de las palabras, sentirlas vivas, chispeantes, capaces de actualizar ecos eternos y tiempos inexistentes.

Aquí tienes un lugar, que la rueda permite ampliarse y abrirse para que sientas tu espacio.

Que encuentres cobijo, mirada, escucha. Pero, sobre todo, que te encuentres...

diciembre 22, 2011

NACIMIENTO

Se me deshace en los labios,
                la Nochebuena...


Sea tu alma un pesebre
y el corazón la estrella de Belén
capaz de guiarte en el camino.

Sea tu vida compartida
para que en cada nacimiento
alumbres otras vidas.

Sean tus sueños
portales que abran el mapa
hacia territorios desconocidos.

Sea tu verdad inmensa
y no necesite argumentos
para sostenerse.

Sea tu mirada un altar
al que acudan los ángeles
a conformar el coro.

Sean tus manos, pastoras,
y cobijen el rebaño donde
se cuecen los buenos designios.

Sean tus pies peregrinos
y sostengan el paso
aún sin aliento.

Sea tu voz el remanso
donde mecer las palabras
que salvan.

Sea tu piel Navidad
y en tu mesa se estrene
el milagro cotidiano.

Sea tu luz la del Niño,
de la Madre y el Padre,
en sagrado fuego.

diciembre 20, 2011

Voyeur

Contemplar las palabras al desnudo
mientras palpita tu alegría a buen resguardo
No eres capaz de sostener el ritmo de tus suspiros
de modo tal que sean imperceptibles.
Desde la ventana no puedes camuflarte
ante mis ojos.
No es tuyo el molde, le has usurpado pensando que
nadie es capaz de advertir que tal aberración exista.
Atrapado en tu obra quedas:
en ninguno de esos planos he hallado tus huellas.

diciembre 07, 2011

Magia

Sentimos la magia envuelta en aquella mirada
que no compartimos.
Supimos que ese día habíamos estado tan cerca
que la alegría de la certeza
nos acompañó hasta el territorio de los sueños.
Hubo tantas señales,
desde el espejo la piel declaraba victoria en puerta
y los latidos atropellados del corazón
fueron capaces de presentirnos.
Tal vez por eso tardé en escoger el vestido,
no daba con el perfume adecuado
y los zapatos no eran lo suficientemente
altos, bajos, cómodos o elegantes.
Creo que me recogí y solté el cabello,
cinco o seis veces.
Cambié de collares, de aros, de pulseras
y hasta de bolso buscando componer
una imagen que fuese inevitable recordar.
Para ti, fue casi igual, aunque sin tantas vueltas.
Estabas decidido a dar buena impresión,
por tanto, era necesario no hacer lo mismo
de cada día.
Si se iban a cruzar esa mañana,
bastaba con salir vestido con esa sensación
y daba igual lo que escogiera para el disfraz.
Tan ensimismados iban que aunque las direcciones eran diferentes
el contacto fue inevitable:
- Disculpe- dijo él.
- No pasa nada - dijo ella.
Y no se vieron.